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El reino de lo exótico
Las especies tropicales de palmera se imponen a la autóctona fundamentalmente por motivos estéticos y económicos
11.01.08 - 02:46 -

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El reino de lo exótico
Ejemplar de Chamaerops Humilis.
Jorge García-Lliberós

Multitud de palmeras adornan los parques, jardines y paseos del entorno mediterráneo español. Sin embargo, sólo una de ellas es natural de la península Ibérica, siendo la especie más septentrional. Las zonas tropicales son las que cuentan con el clima idóneo para la proliferación de estas plantas, símbolos de la exuberancia vegetal. En muchas zonas ricas en palmeras estas se convierten en una fuente destacada de recursos, tanto de alimentos como de madera, mientras que en las áreas donde no son naturales, son cultivadas y plantadas con fines paisajísticos y ornamentales. De las cerca de 2.800 especies de palmeras existentes en el planeta, unas 1.400 son originarias de los trópicos de Asia, 800 de América, 120 de África y tan sólo tres de Europa, de las que dos proceden del Mediterráneo y la otra de Canarias.

En el Mediterráneo oriental crece la Phoenix theophrasti, descubierta en tiempos recientes en la isla de Creta y en Turquía. Su similitud con la Palmera datilera, (Phoenix dactylifera), originaria del norte de África, suscitó un debate sobre si era en sí una especie o una subespecie de esta. Precisamente, frente al continente africano, las Islas Canarias presentan, por su clima, un entorno bastante adecuado para el cultivo de muchas especies de palmeras. Pero es la Palmera Canaria, (Phoenix canariensis), la especie por excelencia en las Islas que la dan nombre, siendo una planta endémica que crece naturalmente en todo el archipiélago.

La única palmera autóctona de la Península Ibérica es el palmito, cuyo nombre científico es Chamaerops humilis, que significa humilde matorral, alusión a su discreto porte en comparación con otras especies más estilizadas. Se extiende por todo el Mediterráneo occidental, apareciendo principalmente en zonas costeras. Crece espontáneamente en las islas Baleares y por toda la franja costera mediterránea española hasta el sur de Portugal. Su hábitat son acantilados sobre el mar, laderas y barrancos a altitudes normalmente inferiores a los 1.000 metros.

José Antonio del Cañizo, doctor ingeniero agrónomo y autor, entre otros, de un libro titulado Palmeras y otro El jardín: arte y técnica, destaca la diferencia entre la palmera autóctona y las exóticas: "Se trata de una palmera de hoja palmada, con forma de abanico, que alcanza solo alturas arbustivas, a diferencia de las especies más cultivadas en la Península Ibérica, que llegan a hacerse muy altas, y por tanto resuelven mucho mejor que el palmito los papeles de protagonistas en alineaciones callejeras, parques, plazas, etcétera". Del Cañizo destaca que estos factores, unidos al alto coste de un ejemplar grande, hacen difícil el fomento del palmito.

Especies más demandadas

En el territorio valenciano la especie que más se produce en viveros es la exótica Phoenix canariensis. Sin embargo, según indica el Presidente de la Asociación Profesional de Flores, Plantas y Afines de la Comunidad Valenciana, Vicente Villanueva, la palmera canaria que se cultiva aquí se destina sobre todo a la exportación hacia otros países de Europa, teniendo gran aceptación como planta de interior cuando el ejemplar es joven. También tiene una destacada producción en esta zona la Washingtonia robusta, que al contrario que la anterior, es muy demandada a nivel interno en la Comunitat. Junto a esta, la otra con gran demanda en Valencia es la Phoenix dactylifera, que al no cultivarse aquí se importa del norte de África, como lo hicieron en el pasado los cartagineses cuando impulsaron el Palmeral de Elche. Nuestra Chamaerops humilis tiene una demanda discreta. Su lento crecimiento y su composición en múltiples troncos la hacen inviable para alineaciones de paseos. Sin embargo su resistencia y adaptabilidad permiten su exportación hacia países como Alemania, donde es muy utilizada como planta de interior.

Como explica Vicente Villanueva, el precio es un elemento determinante en el consumo de palmeras tanto por las administraciones públicas como por los particulares. "La washingtonia es barata por ser de crecimiento rápido, por lo que en poco tiempo alcanza gran tamaño. Por su parte, la datilera es barata porque se trae de zonas donde crece de forma salvaje, sobre todo de Egipto, y no hay que cultivarla", afirma Villanueva. Los productores valencianos lamentan que los factores económico y estético impidan que en la Comunitat Valenciana puedan proliferar las alrededor de 20 palmeras más adaptables a este hábitat, empezando por el palmito. "De cara a posibles cambios climáticos, la gente debería concienciarse de la necesidad de componer jardines autosuficientes con palmeras adaptadas a nuestro entorno natural", añade Vicente Villanueva.
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