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Vida y Ocio

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Más de 40.000 personas llegadas de todos los rincones del mundo luchan en una intensa batalla con más de 115 toneladas de tomate

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esto ha sido una locura, creo que no quiero ver más tomates por lo menos en un mes", comentó René, un turista alemán que ayer se sumergió en la gran batalla de tomate que tuvo lugar en Buñol.

Las calles del municipio se convirtieron durante la maratoniana jornada en un hervidero de gente dispuestos a luchar en el gran batallón. Los más de 40.000 asistentes, sumados a las 115 toneladas de tomates y cómo no a los litros y litros de cerveza y sangría, se convirtieron en un cóctel explosivo en el que muchos descargaron adrenalina a tomatazo limpio.

Turistas de todos los rincones del mundo participaron en la gran batalla, en la que por supuesto no hubo vencedores aunque sí se organizaron frentes armados, que utilizaron como única arma las toneladas de tomates lanzados por los voluntarios del pueblo desde arriba del camión. Desde Nueva York, Lisa Corsi,contó que había llegado a las 2 de la madrugada. "Es la primera vez que vengo y aunque he estado toda la noche en la calle no me importa, me han dicho que es un gran espectáculo", aseguró. Y es que si por algo se ha hecho internacional la tomatina es precisamente por el boca a boca, la gran experiencia de la que disfrutan los miles de asistentes se ha convertido en el mejor anuncio de cara al mundo que podría tener el festejo.

Apenas pasaban unos minutos de las 8 de la mañana y las arterias principales de la localidad parecían un río humano. Aunque en poco más de una hora el recinto colgó el cartel de completo. A modo de sardinas enlatadas, americanos, australianos, alemanes y por supuesto españoles, esperaban impacientes el inicio de la gran guerra.

Las miles de personas dispuestas a luchar tuvieron que compartir las estrechas calles en las que parecía imposible el paso de los seis grandes monstruos de la batalla, los camiones. Protagonistas impresinicbles de la gran guerra al igual que los chorros de agua lanzados desde los balcones y cómo no unas buenas gafas de bucear para evitar el escozor de los ojos que produce el tomate.

La impaciencia de los guerrilleros no se hizo esperar y los cánticos se hicieron dueños del ambiente de la localidad. Ante las ansias de los participantes por comenzar, los vecinos empezaron a lanzar la que después sería la gran demandada, el agua. Por fin, la primera carcasa hizo acto de presencia y como si de una gran batalla se tratara el grito de guerra hizo vibrar hasta el asfalto.

La invasión de los gigantes más esperados durante la jornada no se hizo esperar. La pelea estaba en marcha y no había vuelta atrás. Arrepentirse no era posible, la única solución era luchar a tomatazo limpio. "Parece absurdo linchar a todo aquel que pasa por delante, pero aún así la sensación de desahogo es impresionante", comentó uno de los asistentes.

La marea humana fue cambiando poco a poco de color. El rojo tomatina avanzaba a un ritmo imparable. Desde la calle del Cid hasta la plaza del pueblo la batalla, el desfase y el jolgorio se hicieron dueños durante una hora. Aunque no solo fueron blanco de los disparos los intrépidos tomateros, los curiosos vecinos de las viviendas colindantes y periodistas y fotógrafos llegados de todo el mundo fueron víctimas de más de un proyectil lanzado desde el frente de guerra.

"Ha sido caótico. Cuando no hay reglas las personas están totalmente fuera de control, hemos visto qué ocurre cuando dejan al hombre hacer lo que quiere", afirmó Alex, que viajó desde Alemania para participar en el gran acontecimiento. Y es que precisamente las normas de civismo ayer brillaron por su ausencia, únicamente hubo un pequeño accidente que acabó en un susto sin importancia.


Un herido
Según Protección Civil, durante la fiesta un ciudadano japonés sufrió un golpe fuerte en la cabeza cuando estaba siendo manteado por otros participantes, por lo que tuvo que ser trasladado al hospital La Fe de Valencia.

Durante una hora arrancar camisetas y bombardear al vecino se convirtió en la escena principal de la jornada. Las toneladas de tomate hacían acto de presencia e invadían de color y olor el recorrido tomatero. Acabar de una pieza era un reto, perder parte del atuendo, como las zapatillas o las impresicinbles gafas de buceo, formaba parte del batallón.

"He sentido un poco de miedo, porque la gente a veces no aplastaba el tomate y duele mucho. Pero es muy divertido", comentó Crazyna Drost, turista de Alemania.

El apartado del vestuario bien merece un capítulo aparte. Desde las típicas camisetas de la tomatina, por cierto muy solicitadas, hasta disfraces de sevillana, pelucas o melones a modo de casco. A medida que se acercaba el final de esta tradicional batalla veraniega se podían encontrar por las calles montañas de camisetas y zapatillas.

"Me da la impresión de que es una fiesta de gente joven. Además, es muy significativa, puesto que reúne a ciudadanos de diferentes nacionalidades", afirmó Ricardo Peralta, delegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana. Además, apuntó que una de las cosas que más le llamaba la atención era que los extranjeros que viajaron hasta la localidad vivían la fiesta como si fuera suya.

Y es que esta fiesta tan internacional debe mucho al gran sabor de boca que se llevan los miles de participantes llegados de cualquier rincón del mundo. Desde Australia llegaron Kristee y sus amigos. Comentaban que estaban en la tomatina porque se lo habían recomendado y la experiencia que se vivía dentro era desbordante.

Tras el estallido del segundo artefacto pirotécnico, disparado a mediodía, los asistentes comenzaron a dirigirse al río para paliar con el agua los efectos del tomate en sus cuerpos, pelo y ropa.

Dicen que después de la tormenta llega la calma, pero después del batallón tocaba limpiar las calles y devolverles a su color original. Los vecinos no dudaron en sacar las mangueras a la calle para ayudar a los equipos de limpieza y quitar a los guerrilleros los restos de tomate.

La autovía Valencia-Madrid, por la que se accede al municipio, volvió a registrar colas de vehículos coincidiendo con las horas previas a la Tomatina.
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