Vida y Ocio

María Blasco, autora principal de este estudio, ha detallado que para conseguir estos resultados se ha aumentado la telomerasa -conocida como la enzima de la inmortalidad- en ratones resistentes al cáncer.
En investigaciones anteriores, los científicos habían visto que si se incrementaba sólo la cantidad de telomerasa, aumentaba el riesgo de desarrollar un cáncer, por eso la importancia de este trabajo radica en que, por primera vez, se han conseguido las dos cosas: aumentar la longevidad y la resistencia al cáncer.
Pese a que recuerda que en las personas no se puede aumentar la cantidad de los genes, "si lo trasladáramos a los humanos sería equivalente a envejecer mucho más tarde y poder llegar a vivir hasta 120 años".
Blasco ha explicado que intentan entender qué es el envejecimiento y qué genes son importantes para determinar lo que vivimos, y, para ello, "nuestra aproximación es generar ratones modificados genéticamente, como modelo, para poder entender lo que pasaría en humanos". En este sentido, para la investigadora se ha demostrado es que hay una enzima, que se llama telomerasa, y se ha estudiado si aumentando su cantidad se puede hacer que el ratón viva más.
La relación entre los telómeros (sector terminal de la estructura del cromosoma) y el envejecimiento se conoce desde 1990 gracias a las investigaciones de Carol Greider y Calvin Harley. Cuanto más largos son los telómeros, más puede multiplicarse una célula (incluidas las células madre que regeneran los tejidos) y, por tanto, el organismo se mantiene joven durante más tiempo.
Esta científica ha añadido que conociendo el riesgo a desarrollar cáncer, "creamos, por un lado, un ratón resistente" a este y, por otro, "un ratón con mayor cantidad de Tert, proteína responsable de la regeneración de los telómeros". El cruce de ambos ratones ha dado lugar a un ratón longevo. Este animal presenta una buena coordinación neuromuscular a edades avanzadas, además de una mayor tolerancia a la glucosa (lo que significa menos diabetes en la vejez) y unos tejidos más sanos, como la piel y el tracto digestivo, que se mantienen jóvenes durante más tiempo.



























