Se dice que la causa del hambre es la falta de alimentos y de tierra, incluso de que "sobra " gente, pero da la sensación de que tierra y recursos hay más que suficientes y de que lo que produce la situación es la inseguridad y la pobreza provocadas por el control de unos pocos sobre los recursos básicos, además de las hipotecas con el FMI y el Banco Mundial adquiridas por los gobernantes.
Solucionar con propiedad el problema es complejo, pero resulta evidente que empeora mucho cuando se le aborda como un asunto puramente técnico. Cuando se olvida la enorme dimensión humana de la cuestión. Hay una imprescindible tarea que abordar: la modificación de las estructuras sociales que favorezcan la construcción de un sistema económico democrático.
Tenemos ejemplos de la degradación que sufren las tierras por la agricultura industrial y de los problemas ecológicos y sociales producidos por la política de desarrollo agrario no adaptado al medio ambiente. No es cierto que el incremento de la producción de alimentos solo es posible a costa de producir daños ecológicos con el uso de pesticidas y la erosión. Ya va siendo hora que se pongan en marcha otras fuentes de energía distintas al petróleo.
Plantear la lucha contra el hambre como una guerra entre el "mundo rico" y el "mundo pobre", es una falacia, porque la seguridad alimentaria se encuentra amenazada por los beneficiarios de la concentración del poder económico, que son pocos y obtienen, sin embargo, muchas ganancias. Me dicen que hay compañías que comercian con cereales, a gran escala, que especulan con las cosechas de grano e incluso las controlan vía satélite para pronosticar la producción, para poder especular y encarecer los productos. Fealdad.
Recuerdo las palabras de Juan Pablo II: "La muchedumbre de hambrientos, constituida por niños, mujeres, ancianos, emigrantes, prófugos y desocupados eleva hacia nosotros su grito de dolor. Nos imploran, esperando ser escuchados".
El hambre es un escándalo que ya dura demasiado, porque destruye la vida. La malnutrición compromete el presente y el porvenir de los pueblos: prepara la "vida mala". Las principales víctimas son los más frágiles: niños, mujeres embarazadas o que amamantan, enfermos y ancianos. El hambre engendra hambre. Y además, el problema tiene causas reconocibles: políticas económicas equivocadas; estructuras y costumbres poco eficaces que pueden destruir la riqueza de los países; comportamientos deplorables en el ámbito moral; la deuda de los países en desarrollo con altos costos sociales.
Para finalizar, añadamos lo que William Shakespeare dijo: "No basta con levantar al débil; es necesario sostenerle después". Así sea. Hasta pronto.

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