Saltar Menú de navegación

Valencia

Hemeroteca |

Vida y Ocio

Vida y Ocio

Las dos ballenas del Ártico que viven en l'Oceanogràfic de Valencia poseen un completo repertorio de sonidos para transmitir sus estados de ánimo y comunicarse
22.11.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Yulka, la hembra, nada a toda velocidad cuando ve a los dos visitantes aproximarse al estanque gigante. Emite un largo sonido, "pitrrrr, pitttrrr, cruijjj" que el biólogo Manuel Castellote identifica, sin ninguna duda, como un saludo. 'Yulka' es una hermosa ballena beluga de cuatro metros de longitud y casi 500 kilos de peso que se alimenta cada día con 15 kilos de merluza de primera calidad en l'Oceanogràfic de Valencia. Yulka es también la evidencia de que las belugas han desarrollado un complejo y variado lenguaje y que son capaces de usarlo con los humanos.

El animal asoma su blanca cabeza. Castellote le acaricia el morro e introduce su mano en la boca. Asoman 40 dientes cilíndricos de color marfil. Yulka se deja hacer, satisfecha. El biólogo le rasca la lengua y anima al visitante a hacer lo mismo. Luego ambos arrojan agua fresca en la boca de la beluga, que parece reír. Yulka vuelve a sacar la cabeza y arruga su frente (melón le llaman los científicos), el complicado mecanismo que les proporciona una capacidad de comunicación y localización sin igual entre los mamíferos marinos. De hecho, las grandes potencias estudian al detalle las habilidades sonoras de estas ballenas blancas para copiar sus sistemas de comunicación y desarrollar los sónares militares que emplean submarinos y destructores.

Manuel Castellote, un especialista en zoología que ha trabajado para el Museo de Ciencias de Nueva York en el estudio de las ballenas yubartas en Madagascar y Gabón; en el Laboratorio de Mamíferos de Oxford y en la Unidad de Bioacústica de la universidad italiana de Pavía, ha dedicado los últimos cinco años a investigar la comunicación entre las ballenas belugas (Delphinapterus leucas). Las conclusiones son espectaculares. Su equipo ha logrado identificar y distinguir hasta ahora nada menos que 32 tipos distintos de sonidos.

Algunos son tonales, como nuestros silbidos. Otros son pulsos, parecidos a un aplauso humano y que las belugas producen al entrechocar sus mandíbulas. Las belugas mezclan silbidos y chasquidos a su antojo, siguiendo unos patrones de comunicación determinados. Las belugas 'hablan' mucho. Emiten hasta 600 sonidos por hora. "Son superparlanchinas. Creemos que tanta actividad tiene que ver con su supervivencia en un medio muy hostil", argumenta el biólogo Manuel Castellote.

A estos animales incluso se les llama 'canarios de mar'. "La beluga posee un completo repertorio de gorjeos, gorgoritos, chasquidos, chillidos y risas, que pueden ser oídos dentro y fuera del agua. Es posible que tenga el más versátil y sofisticado sistema de sonar de los cetáceos", explica el experto en cetáceos Mark Carwardine.


Enfado y galanteo
"Son animales muy sociales", dice Manuel Castellote. De hecho, el repertorio de sonidos descubierto en l'Oceanogràfic de Valencia responde a finalidades y 'estados de ánimo' muy concretos. Así, Castellote ha identificado 10 sonidos relacionados con la agresividad. "Son golpes de mandíbula y de paladar", dice el zoólogo.

Para que aparezcan no tiene por qué haber contacto físico entre las belugas. Serían más bien gruñidos, señales de advertencia en situaciones de competencia, hartazgo y enfado. También se han hallado otros sonidos ligados al galanteo y al cortejo, como suaves y melodiosos susurros del macho.

Aunque el gran descubrimiento registrado en Valencia tiene que ver con el saludo que nos brindó 'Yulka' a nuestra llegada y que también dedica al público que visita la instalación del Ártico. Es la primera vez que se documenta este tipo de comunicación entre dos especies, concretamente entre un níveo mamífero marino y un ser humano. Algo que sin lugar a dudas se vincula al carácter abierto y extrovertido de la ballena blanca.

También la beluga hembra se dirige con 'voces' especiales a los cuidadores que la alimentan y entrenan. "Los produce siempre que escucha sus pasos. Tal vez pide que le den de comer", aventura Castellote. El biólogo desvela también que las belugas son capaces de reproducir cualquier sonido, como si fueran auténticos loros marinos. En Valencia, Yulka imita a la perfección los pitidos de los silbatos de sus entrenadores, provocando algunas escenas de confusión, como sucedería en un campo de fútbol.


Adaptaciones para sobrevivir
Asimismo, el estudio, publicado en cinco revistas científicas, ha identificado los sonidos que emplean estas ballenas para hacerse una imagen sonora de su entorno. Las belugas son capaces con sus haces de sonidos (buena parte de ellos inaudibles para el hombre) de saber si una caja opaca contiene o no objetos en su interior.

Imaginen esa habilidad aplicada a la localización de salmones en los fiordos de Alaska o de bacalaos entre los hielos del Mar Blanco. Son adaptaciones para sobrevivir en su medio, sumido en la oscuridad durante seis meses al año. Y ahora piensen en un submarino nuclear con semejante capacidad.

Todo este repertorio de habilidades lo emplean las belugas para capturar sus piezas en las profundidades del Ártico: pueden descender hasta 400 metros y pasar hasta 20 minutos sumergidas. Se cree que son capaces de localizar con su sónar bolsas de aire bajo el hielo para prolongar sus inmersiones. En libertad, en las amplias y heladas extensiones del Ártico, las manadas de belugas se mantienen en contacto entre sí a 10 kilómetros de distancia.

Castellote y su equipo han podido también registrar un sonido no aprendido, genético, y que las crías de beluga producen para llamar la atención de sus madres. Esta llamada se anotó en la cría nacida de Yulka el 2 de noviembre de 2006. Pesó 90 kilos y midió 1,20 metros. La primera cría de beluga nacida en cautividad en Europa falleció a los 28 días, abandonada. La hembra no desarrolló las habilidades necesarias para amparar y amamantar a la cría. Un sonido idéntico de aviso había sido registrado en crías de belugas en libertad grabadas en la bahía del río Hudson, en Canadá.


Órgano auditivo
Pero ¿cómo oyen las belugas si carecen de oídos y los conductos están taponados de cera para evitar las frías aguas árticas? Por las mandíbulas. Sí. En concreto, por la punta de las mandíbulas. Son sus orejas. Desde allí, las vibraciones que les llegan son transmitidas al oído interno, mucho más sensible que el de los humanos. Al tiempo, el complejo órgano que es el melón de su cabeza (tejido conjuntivo, músculos y grasa) es capaz de emitir sonidos complejos.

Y, además, le sirve para cambiar la expresión de la cara. La beluga es el único mamífero marino capaz de girar su cuello 90º a cada lado con lo que amplía el radio de captación y emisión de sonidos. Los conocimientos adquiridos en Valencia están siendo empleados ya para compararlos con las costumbres de las belugas residentes en la bahía de Yakutat, en Alaska, y en el archipiélago noruego de las Svalvard donde Castellote y otros biólogos han hundido sus detectores de sonido.

La tarea es fascinante. Los biólogos saben que yubartas y ballenas azules son capaces de comunicarse a decenas de kilómetros en el agua. ¿Cómo? Para sus 'conferencias' buscan el canal acústico, una franja de agua determinada (entre 80 y 300 metros de profundidad) donde se ponen a cantar. En el agua, el sonido viaja a 3.500 metros por segundo, diez veces más rápido que en el aire.


Bombas
La gran preocupación de los biólogos es cómo los sonidos producidos por el hombre interfieren y dañan a los mamíferos marinos. En el mar, el ruido es mayor que en tierra. Si un susurro humano llega a los 20 decibelios, en el océano ese mismo susurro alcanzaría los 46. El sonido de un carguero llega a los 190. El de un rompehielos, a 193. Compárenlo con el daño que nos hacen en los oídos los 140 decibelios de un reactor en el despegue.

"Y eso no es nada. Las belugas habitan en el Ártico, zonas de gran interés para la explotación de gas y petróleo. Los barcos de prospección sísmica lanzan bombas de aire a 259 decibelios contra el fondo para conocer la composición del subsuelo. Las belugas soportan en el Ártico un ruido brutal que puede acabar con sus vidas", alerta el científico Castellote.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

Comparte esta noticia

¿Qué es esto?

chat.lasprovincias.es

¿Te apetece conocer gente nueva? Elige la sala y diviértete

CHATEA, CHATEA...

Vocento
SarenetRSS