
El mejor remedio contra el frío es el abrigo, pero como en estas circunstancias no es posible, lo suple el movimiento. Lo había advertido Emery en la víspera. Bajo una climatología extrema, no cabía la humorada de que correr es cosa de cobardes. Había que hacerlo para ganar y porque, además, por delante de cualquier broma, el Valencia se jugaba mucho en Trondheim.
Por eso, sin contemplaciones, era necesario poner una marcha más que el rival. Anticiparse en el marcador cuanto antes. No sólo porque los jugadores del Rosenborg están más acostumbrados a las bajas temperaturas, sino porque físicamente se podía suponer que iban a aguantar mejor, ya que apenas hace dos semanas que se acabó la Liga en este país.
Pero no. El Valencia llegó a Trondheim decidido a mantener su identidad de invicto a domicilio y, desde luego, a dejar sentenciada la clasificación. Y lo hizo. Antes de la media hora ya había encarrilado el camino. Servicio de Edu y Juan Mata, 1,70 de estatura, se anticipó a los espigados defensas del equipo noruego (todos sobrepasan de sobrado el 1.80) y con fortuna y la colaboración de un desafortunado Jarstein, llevó el balón a la red.
Unai mantuvo en el Lerkendal Stadion el mismo 4-3-3 que le ha resultado tan efectivo en las últimas salidas. El Rosenborg también empleó ese dibujo. Había modificado su tradicional 4-2-2 para intentar sorprender. Pero ese cambio favoreció al Valencia, porque apenas se vio apurado salvo en un par de centros.
Minutos después del 0-1, Mata pudo resolver, pero primero su tanto fue invalidado, y antes de acabar la primera parte le castigaron con un fuera de juego muy dudoso, cuando encaraba al titubeante Jartein.
El Rosenborg no tuvo nada que ver con el del año pasado, en Champions. Muy flojito, sólo se adornó en el medio campo. Delante, nada de nada. Ni si quiera se animó cuando sus incondicionales entonaron la melodía de la recordada -al menos por los mayores de 30 años- Pipi Lamstrung, como se tradujo al castellano aquella serie infantil.
En la segunda parte Unai dio descanso a Mata. Joaquín ocupó el puesto del chaval. Bueno, la posición no, porque el Pisha se situó en su habitual zona derecha y Pablo pasó a la banda izquierda.
Aparte de este cambio, y que pasados diez minutos permutó a Baraja por Fernandes -que estaba siendo uno de los mejores-, el panorama sólo varió en lo que al frío se refiere. Aumentó. El viento del norte provocó un brusco descenso de la temperatura (tres o cuatro grados por debajo del cero).
Práctico, sin complicaciones, el Valencia resolvió la papeleta con solvencia. Sin demasiados aspavientos, pero totalmente superior al conjunto vikingo, cuyos jugadores aparentaban más ganas de irse de vacaciones que de otra cosa. Antes y después de que Pablo Hernández, primero, luego Baraja y finalmente Joaquín sentenciaran el 0-4, el equipo de Unai tuvo repetidas ocasiones para haber goleado, demostrando una superioridad total.
El 0-4 dejó las cosas en justo sitio. Con esta victoria el Valencia dejaba casi sentenciada la clasificación, que podría hacerlo el próximo jueves contra el Brujas.
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