
"No podía hacer nada. Mi mujer tenía que ayudarme para todo; para comer, para vestirme, para ir al baño". Comenzó a desesperarse. Acudió al Servicio Murciano de Salud, pero le dijeron que lamentablemente lo suyo no tenía remedio. "La sanidad pública me falló", protesta.
Un día, sentado en el sofá, encontró en un informativo de televisión la respuesta que buscaba. Un cirujano valenciano había trasplantado con éxito las dos manos a una mujer colombiana de 48 años que las había perdido hacía 28 a causa de una explosión accidental en una clase de Química. Era Alba Lucía.
Fernández sintió la necesidad de conocerle. "Llevaba un año en recuperación y veía que no avanzaba. Cavadas me propuso cambiar de posición el brazo. Nos pagaba la cirugía y la terapia posterior corría de nuestra cuenta".
Su brazo derecho se convirtió en izquierdo, en una operación compleja que requirió nueve horas de quirófano para que cada dedo respondiera a los impulsos del cerebro. Para facilitar que hiciera la pinza, hubo además que cambiarle de posición el dedo pulgar. La recuperación es lenta. "Estos días estoy triste. Ya puedo coger alguna cosa, pero es lento", se lamenta. Aún le queda tiempo.



























